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| El cielo de Lima (Salto de página, 2014) |
Una de las historias literarias más entrañables que
se recuerde de las muchas que abundan en las páginas de la Historia
universal de los amores no concluidos, son las correspondencias entre un
poeta español y su "lectora" limeña Georgina Hübner; aquella que
repercutió en su momento, y hoy se vigoriza con la aparición de una novela de
más de 300 páginas protagonizada por Juan Ramón Jiménez y dos poetas peruanos
entre dos orillas a inicios del siglo XX.
Esta historia de viajes no resueltos, de
correspondencias a distancia y mensajes nómades y apasionados -en donde
abundaban las declaraciones de amor y las aspiraciones literarias-, ha sido la
excusa perfecta para que el escritor Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984)
escriba su novela y reconstruya esta historia real con un oficio y una
elegancia que traduce su paciente labor de fabulador de historias y de
investigador nato. Su novela es un examen a la historia del fallido
"idilio" en la que participaron, estrictamente, estos tres personajes
a través de un puñado de cartas que contenían flirteos amorosos y falsas
confesiones, además de ingenuos poemas de amor y otras invenciones no menos
reales que involucraron a dos ciudades lejanas y ajenas, como dos espectros que
se miran de frente aunque a distancia.
El escritor español Juan Gómez Bárcena ha publicado
la novela El cielo de Lima(Salto de Página, 2014) allá en España, lejos
del cielo de Lima, y quizá pensando en el cielo de Lima, ese mismo que miraron
estos dos jovencitos poetas cuando escribieron sus cartas, y el mismo que para
el poeta de Moguer guardó el reposo del alma de la hermosa Georgina.
La historia cuenta aquella anécdota literaria de
correspondencias ciegas entre Carlos Rodríguez Hübner y José Gálvez
Barrenechea y uno de los más importantes poetas españoles, futuro premio
Nobel (1956), Juan Ramón Jiménez, desde Lima hasta el otro lado del Atlántico.
Sin embargo, es Georgina Hübner la "auténtica protagonista ausente"
de esta historia. Es importante saber que aquellas novelas que aspirábamos leer
algún día, las haya escrito un autor con el oficio y la imaginación de Juan
Gómez Bárcena, un narrador con un dominio extraordinario de la prosa literaria,
con el rigor en la elección del lenguaje sin imponerle a éste acrobacias
metaliterarias, y dueño de una poderosa invención que organiza el mundo desde
su escritorio, el mismo que brota del libro como una humareda.
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| Autor Juan Gómez Bárcena |
El joven autor español no ahorra tinta ni imaginación
para extender esta historia que en apariencia se reduce solo a dos jovencitos
limeños, aspirantes a poetas y aspirantes también a la posesión de un libro
del español, Tristes arias, 1902, cuya poesía en ese momento merecía los aplausos de los lectores de toda Hispanoamérica. No,
no se reduce solo a eso, sino a un escenario mucho más amplio, y cuyo universo
se verá alimentado por otras historias y otros espacios no menos interesantes.
Nuestro escritor domina el lenguaje castizo como las
jergas limeñas y exige a su fantasía a escabullirse en aquello que nadie conoce
y que acaso nadie hubiera reparado, honrando la historia al contarnos el
trasfondo de ambos aspirantes a poetas en sus noches de bohemia en una ciudad
tan triste como el duelo a un amor a distancia. La novela, así, gana en peso y
en gravedad, si entendemos a esta última como la capacidad de mantener a tierra
los sentimientos con una vocación humana de soñar bajo la única condición de
seguir existiendo. La novela no es un pretexto para regodear la pluma contando
aquello que ya está contado por los historiadores de la literatura o por los
arqueólogos de la vida romántica de nuestros escritores. Supera largamente eso,
pues nos propone las circunstancias de esas mensajerías y la naturaleza
personal de sus escribidores, además de hacernos saber de sus dudas, sus
inicios sexuales, sus miedos e inseguridades y sus no pocos anhelos que se
verán confrontados con la decisión del poeta de Moguer de viajar a Lima para
conocer a la "autora" de estas cartas animado por su enfermizo
enamoramiento. En resumen, un poeta que asistía al otro lado del balcón
enamorado de las cartas "escritas" por la joven y hermosa dama
limeña, respondiéndole, maravillado, por el deseo de poseer esa mano con la que
escribía esas cartas que leía y besar esos labios que se le antojaba
exquisitos.
Juan Gómez Bárcena no es escritor de distancias
cortas. Su novela nos sumerge en una historia tan apasionante como un viaje en
barco sobre las aguas calmosas, como tempestuosas, de un océano de historias, y
por momentos entre vaivenes que sirven como pausas al lector sin desprenderse
de la trama, entre la luz que surge desde el poniente de Lima o la oscuridad
que oculta el mar de España. La historia se traslada entre estos dos
continentes a través del Atlántico como un barco cuyo destino persigue el vuelo
de un ave indeciso, entre una orilla a otra. Va y viene, llevando y trayendo
recados, aquellos donde se filtran historias de amor, por un lado, y por el
otro una calumnia tan grande como el océano que los lleva; dos espejos
enfrentados en una oscuridad dominante que acaso impide el descubrimiento del
embuste mientras la ingenuidad del poeta español y su decidida pasión crecen; pasión, nada menos, que de un hombre nacido en Moguer -y en esos
momentos leído y admirado en muchas partes del mundo- enfrentado a dos jovencitos con
muchas dudas sobre su capacidad de escribir, y que, no obstante, consiguen con
su pluma embaucar a uno de los más extraordinarios fabuladores de su tiempo. La
historia así gana puntos. No es una novela fácil, no es una novela
inmediatista, no es una novela sencilla en el sentido que su redacción no fue
cosa de perseguir el vuelo de una paloma herida. En ella abundan referencias
culturales peruanas, productos como el pisco, la chicha; referencias muy bien
anotadas como el Callao, La Punta, Miraflores; alusiones a personajes de la
Historia nacional; además de una perfecta contextualización de los escenarios
limeños y los pensamientos e imaginarios que asistían a las determinaciones de
los hombres y mujeres en el Perú de inicios del siglo pasado.
La novela desafía la ausencia de detalles reales que
existe en el trasfondo de esta historia y supera los vacíos documentales en
torno a ella. La Lima de inicios del siglo XX nos muestra un escenario donde
las mujeres (algunas disolutas y muchas seductoras) son las grandes
protagonistas de la novela, encarnadas en Georgina Hübner; junto a ellas
desfilan por sus páginas, aunque velozmente, los caudillos, los
escribanos, algunos políticos, los estibadores, todos infectados por la
corrupción de la época en todos sus niveles. Así, la aspiración de ambos
personajes de escribir con la misma gloria que cubre la figura de Juan Ramón
Jiménez sufre una marea que estalla en la orilla de la vida cotidiana de ambos
escribidores. Y Juan Gómez Bárcena lo hace con una prosa elegante y clásica. Su
narrativa nos recuerda al mejor Unamuno -de Niebla-, aunque la
poesía también se imponga en ella sin precipitar el lenguaje en una exposición
injustificada de palabras "sublimes".
La naturaleza de los textos se estrechan muy bien
con las expectativas del lector, pues los pequeños capítulos se ensamblan de
tal manera que el libro se organiza perfectamente en función a la presencia
ausente de Georgina, quien, efectivamente, parece transitar entre sus páginas
como un fantasma inasible. Debo confesar que no fue difícil "enamorarse"
de esta ficción de mujer. No fue fácil desprenderse del deseo de saber más de
ella y tocar su rostro entre las líneas de esta sugestiva novela. Y esto es el
misterio de la novela. Un misterio que se convertirá en secreto.
Nos alegra la aparición de esta magnífica novela, y
las agallas de su autor de asumir el desafío con un resultado exitoso. Juan
Gómez Bárcena (sin demagogia en esto y sin ánimo de adular su oficio), se
convierte en uno de los mejores representantes de la joven narrativa española.
Y sin duda, en uno de los más celebrados escritores en nuestro idioma. Muy
merecida entonces la beca de la Fundación BBVA para la redacción de su próximo
proyecto, que festejo desde aquí con una espumosa chicha blanca o con una
mulita de pisco. Y suscribo lo que escribí en otra oportunidad: sin
proponérselo, Juan Gómez Bárcena ha escrito la mejor novela peruana con la
firma de un autor extranjero.



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